Matrimonios Igualitarios: “Hay una tercera vía”

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Jorge Adame Goddard es un abogado que forma parte de la plantilla del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y es un hombre religioso. Desde esa dicotomía, que siempre ha juzgado no conflictiva, analiza el tema de los matrimonios igualitarios. Señala que, en principio, la Corte y la posterior iniciativa legal de Presidencia pecaron de superficialidad, que no analizaron a fondo la realidad mexicana ni las leyes del país.

Lejos de las posturas del ala católica radicalizada que se opone a las bodas gay, Adame señala que la idea de uniones entre personas de un mismo sexo, bajo una denominación técnico-jurídica nueva, es posible, y con todos los derechos que tiene un matrimonio tradicional.

–¿Cómo entiende usted el tema de los matrimonios?

–Hay asociaciones afectivas, y la que se consideraba prototípica era el matrimonio para unir vidas y, en ese ambiente de unión y de compromiso, de solidaridad y colaboración, procrear y educar hijos. Como procrear es uno de los fines, en ese caso la unión es entre hombre y varón, no hay de otra.

–Así el matrimonio prototípico se entiende limitado a la unión hombre-mujer…

–Un ejemplo: los sindicatos son para la defensa de los intereses de los asalariados, una persona que no es asalariada no puede entrar a un sindicato, tiene que buscar otro modo de defender sus intereses, un colegio profesional, una cámara o cualquier otro.

Si dos personas del mismo sexo quieren convivir juntos y formar una comunidad de vida, lo pueden hacer, pero no tiene por qué llamarse matrimonio porque no van a procrear hijos. Que puedan adoptar, eso sí, pero no es lo mismo que procrear.

–La Corte y la Presidencia optaron por llamar igual al matrimonio tradicional y a aquel integrado por dos personas del mismo sexo, ¿no debieron hacerlo?

–Las cosas son claras y hay que mantener la distinción en el lenguaje…

–¿Habla del lenguaje jurídico?

–Del lenguaje técnico-jurídico; por ejemplo, si yo le digo que quiero una compra-venta gratuita, es un despropósito… si quiero un matrimonio, es entre valor y mujer. Si dos personas del mismo sexo se quieren casar, pues que no se llame matrimonio a esa unión.

–En el conflicto actual, ¿lo que falta es un nombre adecuado para ese tipo de unión?

–Claro. La  objeción es en torno a por qué darle un nombre antiguo a una realidad nueva. No hay razón, pongámosle nombre.

–Si le dan un nombre nuevo a esa unión entre personas del mismo sexo, podría ocurrir que se acuse de discriminar a esas personas…

–No hay ninguna discriminación,  en primer lugar porque el derecho fundamental es el de asociarse, y ese derecho se les respeta, a nadie se le niega asociarse para un fin lícito.

ADOPCIÓN. Adame Goddard bromea sobre un tema que exaspera a muchos; no se ve bromear de esto, generalmente, a los religiosos que han acudido al llamado de manifestarse en las calles. Adame sostiene que es infundada la preocupación de que, al no llamar ‘matrimonioAa las otras uniones afectivas, se pierdan privilegios: “pues miren, en el matrimonio son más cargas que privilegios, pero no encuentro objeción a que la ley digan que los que conviven de esta manera (una figura para parejas del mismo sexo) tengan las mismas ventajas que tienes los cónyuges del matrimonio”.

–Matrimonio y la figura legal para personas del mismo sexo tendrían los mismos atributos, pero diferente nombre, bajo esta óptica, ¿incluye la adopción para parejas del mismo sexo?

–Lo que aclaro aquí es que la adopción no es un derecho, ni de las parejas homosexuales ni de las parejas heterosexuales. Ni de los ricos, ni de los pobres. La adopción es un medio para favorecer a un niño que está en una situación de desventaja. Es un acto que se hace en beneficio del menor.

–Podría ser a una persona sola, a una pareja del mismo sexo o a un matrimonio tradicional…

–Aquel que resulte más benéfico para el niño.

–Usted no es parte de las movilizaciones en contra del matrimonio del mismo sexo; lo que me dice en torno a la adopción no resultaría muy popular en ese movimiento.

–Creo que se ha malinterpretado ese movimiento como muy radical. Conozco a muchas personas de ese movimiento, platico con ellas, y veo que son abiertas, que quieren que se fomente el desarrollo de las personas en una familia tradicional donde haya compromiso de amor de por vida, y que ese compromiso genere el ambiente más adecuado para que nazcan los niños.

–¿No cree usted que quienes iniciaron el movimiento contra los matrimonios igualitarios se equivocaron al enlazarlo a la iglesia católica?

–Es un problema político que generó la Corte con una jurisprudencia en el sentido de que la son inconstitucionales todos los códigos civiles que digan que el matrimonio tiene como fin la procreación; la mayor parte de los códigos dice eso. No hubo un análisis a fondo de la realidad y el derecho mexicano, sobre cómo son las familias mexicanas y las leyes sobre familia. Los argumentos que dio la Corte son técnicamente muy débiles y hacen una cosa completamente indebida, señala que las leyes que digan que el matrimonio tiene como fin la procreación son inconstitucionales, por tanto ya no hay matrimonios que tengan como fin la procreación.

–¿Y la iniciativa presidencial ahondó el error?

–El efecto de la jurisprudencia de la Corte era que todas las legislaturas de los estados debían cambiar sus leyes. Esto es políticamente muy fuerte, la decisión de 6 o 7 personas es la que va a decir cómo deben legislar en una materia muy sensible. Lo que hace el presidente Peña Nieto es presentar una iniciativa para reforma el Código Civil Federal y ajustarlo a lo que dice la Suprema Corte. Es la iniciativa lo que causa alarma, la jurisprudencia de la Corte no tiene la misma difusión pública que la iniciativa del presidente; pensó que iba a pasar fácil, eso fue un error de cálculo.

Pero no es sólo el problema del matrimonio entre personas del mismo sexo, sino del matrimonio sin vínculo: otras jurisprudencias de la misma época dicen que para disolver el matrimonio basta la decisión unilateral, sin necesidad de alegar ninguna causa. Es retroceder hasta la época en la que había repudio. El marido o la mujer pueden repudiar al otro. ¿Qué estabilidad o cómo podría haber alguna asociación que cualquiera puede terminar sin ninguna responsabilidad? Eso no se ha tocado tanto públicamente, pero yo creo que tiene quizás, al largo plazo, mayor gravedad que permitir la unión de personas del mismo sexo en asociaciones afectivas.

Se está creando un problema innecesario, se puede hacer una buena legislación y matrimonial y admitir otro tipo de asociaciones afectivas, que tengan los mismos privilegios y cargas, pacíficamente.

–¿Ve apertura para una salida de este tipo?

–Sí.

–Entonces, ¿usted le ve salida al conflicto en torno a los matrimonios igualitarios?

–Yo no sé cómo va a terminar, pero sí tengo idea de cómo podría terminar: una reforma al Artículo 4° Constitucional, por una parte recogiendo la iniciativa del Presidente en el sentido de que el matrimonio se puede contraer a los 18 años y, además del matrimonio, cualquier asociación afectiva. Y en la parte que dice que la Ley protegerá la estructura y el desarrollo de la familia, que se aclarara que –de la familia constituida por el matrimonio entre varón y mujer y otras comunidades que se conformen con base en uniones afectivas’. De modo que quedaría claro, y cada estado le puede dar los derechos que quiera o los mismos derechos. Incluso podría decirse en la misma Constitución que esas otras uniones afectivas tendrán para los contrayentes los mismos derechos que los conyugues del matrimonio.

–Podría ser que esta salida no deje satisfecho a ninguno de los grupos en pugna…

–Posiblemente, pero sería una salida.

fte: Crónica

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